Joaquín Jamaica y la iluminación como complemento de la arquitectura

Tomado de www.iluminet.com

Por Blanca Robleda

Joaquín Jamaica está convencido de que la iluminación es parte integral de la arquitectura, no juega un papel protagónico. “Lo más relevante es el espacio… Si no ves las fuentes de luz, es mejor”. Él lo sabe bien pues, aunque se graduó como ingeniero arquitecto por el Instituto Politécnico Nacional, se interesó en el diseño de iluminación al darse cuenta de las pocas opciones lumínicas que existían cuando trabajaba en la construcción de escuelas para su alma máter, en los años 70. Así inició su inquietud por conocer más sobre la que se volvió su segunda especialidad.

Jamaica nació en Celaya, Guanajuato, en una familia grande. Tener muchos hijos hizo que su padre construyera una casa más amplia a la que tenían. A Jamaica le interesó la obra y cada día, al salir de la secundaria, iba para ayudar a pegar tabiques, a preparar el yeso y a montar cimbras: “Lo que me intrigaba era por qué se hacían las cosas de la manera en la que se hacían”.

Con el tiempo, tuvo la oportunidad de vivir en el Distrito Federal y estudiar en la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura (ESIA) del IPN, donde el plan de estudios estaba inspirado en los conceptos racionalistas de la Bauhuas. “Esa parte del racionalismo, del funcionalismo me impactó mucho. Me marcó esa formación”, comenta. En la ESIA, los estudios de arquitectura ya ponían énfasis en la parte tecnológica para diferenciarse del programa tradicional que se impartía en la Academia de San Carlos, escuela perteneciente a la UNAM. Él, entonces, se recibió de ingeniero arquitecto.

Diseño arquitectónico y de iluminación

Jamaica trabajó para el Patronato de Obras, cuando Reinaldo Pérez Rayón, seguidor del funcionalismo, era su director. El organismo se encargaba de construir la escuelas del IPN y, al participar en su construcción notó que las propuestas lumínicas eran limitadas. “Eran casi sólo ingenieros electricistas quienes hacían iluminación como un elemento, era una solución muy básica”, explica. “Era fluorescencia, algunas incandescentes, vapor de mercurio, era lo que había en los años 70”. 

Empezó a buscar información relacionada con la iluminación que lo llevó, entre otras cosas, a asistir a cursos en la Facultad de Ingeniería.

Mientras investigaba sobre opciones lumínicas, daba clases de diseño en la ESIA, continuaba diseñando escuelas y proyectando casas de manera independiente. Poco a poco fue aplicando sus conocimientos sobre iluminación y uno de sus primeros proyectos en este campo fue el despacho del secretario general de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado. Al ver lo que hacía con la luz, sus amigos arquitectos comenzaron a pedirle su apoyo en lo que tenía que ver con soluciones lumínicas. Esta actividad lo absorbió cada vez más y la construcción de edificios pasó a un segundo plano: “Trabajé haciendo diseño arquitectónico y supervisión arquitectónica 22 años… traslapados con el diseño de iluminación”.

El papel del diseñador de iluminación

Si bien existen arquitectos que tienen conocimientos sobre esta especialidad y logran hacer buenos trabajos, otros no obtienen los mejores resultados pese a sus buenas intenciones, comenta Jamaica. La razón es que es difícil conocer a fondo todos los aspectos involucrados en un proyecto arquitectónico. Hacerlo todo tomaría mucho tiempo y, además, siempre se trabaja con fechas que cumplir, señala. Por ello se convoca a especialistas en diferentes campos para que colaboren siguiendo las directrices del arquitecto quien, a su vez, debe especificar las intenciones de su diseño y sus elementos relevantes para que la luz los siga. “El arquitecto puede prescindir de ti pero tú no puedes prescindir de él”, explica.

Jamaica cuenta con un equipo de trabajo que le ayuda a materializar sus ideas. Sabe que al concebir la manera en que la luz debe distribuirse en un espacio, el género del edificio con el que se trabaja determina los objetivos que se deben cumplir. También se tiene que pensar en las actividades que se desarrollan en su interior, en diferentes momentos. Los resultados que se logran frecuentemente sorprenden. “Es increíble lo que la luz puede hacer por la arquitectura’, comenta. “Algunos arquitectos me han dicho que les gustan más los edificios de noche que de día”.

Y es que el manejo de la luz puede cambiar la percepción de un espacio. De noche, permite enfatizar algunos aspectos, y lo que no gusta tanto, si bien no desaparece con la luz, no se resalta. Lo importante es ofrecer comodidad a los usuarios: “No se trata de dar una solución técnica exclusivamente (…) estamos trabajando para seres humanos (…) Con la emoción, el sentimiento que produces”. 

Y si en la actualidad los programas de computación permiten procesar información rápidamente y anticipar resultados, se debe tener cuidado con su uso: “Si a las computadoras les metes basura, sacas basura”, señala. “Las máquinas no piensan”. Jamaica considera que los jóvenes que se inician en este campo deben tener una formación profesional y tecnológica: “Deben tener sus ideas y la capacidad de analizarlas”. En todo caso, lo que importa es que adquieran práctica pues “la luz es como la arquitectura, necesitas tener conocimientos, pero también necesitas tener experiencia, hace una diferencia muy importante”.

Su proceso creativo

Todo comienza con leer el proyecto y conocerlo, por lo que imprime los planos en cuanto los recibe y los estudia temprano en la mañana o muy tarde en la noche, cuando sabe que no lo van a interrumpir: “Lo traes en la cabeza”. El siguiente paso es hacer un planteamiento conceptual en el que se refleja la lluvia de ideas. Continúa con la solución preliminar donde se incluyen las posiciones y número de luminarios, potencias, calidades, marcas, efectos, etc. El diseño se afina y se somete a revisión con los arquitectos y con el cliente para hacer ajustes finales. Cuando está listo, prepara el proyecto ejecutivo, es decir, todos los planos constructivos. “Hay que hacer indicaciones precisas y detalladas en los planos para evitar errores”, señala. En este punto ya cuenta con cálculos, con imágenes de renders, y con una selección preliminar de luminarias que implica estar al tanto de lo que ofrece la industria.

Un paso fundamental es consultar con el cliente, desde el inicio, el presupuesto que se ha destinado a la iluminación. De esperar hasta el final, se puede exceder el monto asignado a tal partida.

Jamaica sabe que “todo se puede hacer, sólo hay que ver cómo resolverlo”. Lo que en la actualidad un diseñador de iluminación no se puede permitir es sobredimensionar su especificación, no “si quieres un trabajo bien hecho”.

En su opinión, la satisfacción que se siente cuando un proyecto ha quedado bien tiene que ver con que el cliente y el arquitecto hayan respetado su propuesta, y que todo se haya hecho “conforme estaba planeado”.

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